Este fin de semana pasado intenté poner en orden mi casa, y como otras tantas veces, no lo conseguí. Cuando llegó el turno de los recuerdos, me apalanqué en ellos. Y en vez de ordenarlos, que los recuerdos nunca se tiran, los miré, los acaricié, y solté alguna lagrimita de emoción y más de cinco carcajadas... Conclusión, ¡que todos los armarios y los cajones sin ordenar!. No he conseguido poner orden aquí en Madrid, como para conseguirlo en extremadura o en otro sitio, que sólo voy de paso. En verdad, no es que me preocupe el orden, es que a veces, organizando mi entorno, parece que organizo mi vida, y prefiero no hacerlo muy a menudo, porque aunque pasen los años me doy cuenta de que llego a la misma conclusión. Soy inorganizable, caótica, impulsiva, temperamental, ñoña... Soy yo.Además de viejas cartas, fotos, y dos cintas que escuché (conservo todavía un casete de los antiguos), encontré una carpeta. Las cintas me hicieron reir mucho, y la carpeta también, así es que ese domingo me hizo de parapeto en mi orden dos cositas buenas, las cintas y la carpeta.
Las cintas me remontaron a un verano pasadísimo, hace mucho tiempo, como en los cuentos... En fín, dos declaraciones de amor en toda regla, en árabe, música de kamicazes islamistas, culminado por traducción perfecta al español de un traductor contratado por mi riquísimo, y morísimo, amigo-medio rollo ibicenco... Cuando mi padre escuchó que alguien venía del Cairo a Madrid para culminar mi “cambio”, me dio un guatazo que todavía escucho cuando me acuerdo de esto, y me prohibió de manera radical cualquier contacto con moros, y menos moros con pasta... Me amenazó no con cambiarme a la próxima, sino por darme de regalo como criada de cualquiera... En aquel momento, me ovarié... se me subieron los ovarios a la garganta, y pensé que había hecho un poco el memo, pero, mi ego de mujercilla de 16 se subió por las nubes... Había hecho una “buena oferta” por mí. Definitiva, terminamos cambiando hasta el número de teléfono de casa, porque día si, día no, había alguien hablando no en cristiano por el otro teléfono. Mi padre, cabreado, contestaba: “No aquí Cristianos, Ceuta es nuestra, y mi hija se ha casado”... No le servía de nada, pero que a gusto que se quedaba... Siempre les dí disgustos. Ese ha sido todo mi más próximo encuentro con el mundo árabe ( Yehya Ahmed), y el último... Recordando, y recordando, no solo el día de la carta con cinta, sino los previos en Ibiza, el rollo jeque árabe con pelas, y el pedazo de mes que me pegué allí, pasó, al menos, media tarde de domingo.
La segunda media tarde de domingo transcurrió con La Carpeta. Con mayúsculas. Es la típica carpeta de instituto, que empecé en las Pastoras en 1º de Bup, y terminé con ella al final de la Facultad, con mil historias y chorradas de gente que leo y ni siquiera me suena ni el nombre, ni las caras, ni se quienes son, y fotos, muchas fotos. Menudo recopilatorio de fotografías... Pero además de todos esos cantantes, músicos, gente, tengo unas caras muy conocidas... Josemi, Juan y Antonio aparecen en un montón de fotos, algunas jovencísimos.
Cogí la carpeta cargada de recuerdos, y me marché al despacho de casa, me acoplé en mi sillón y miré a la estantería de la derecha... Los tres están en la estantería, pero en fotos conmigo. Me encanta. Además de trabajo, mi relación con dos de ellos, Juan y Josemi, ha sido una especie de polvos mágicos echados a la carpeta con la varita mágica de la vida... Han pasado de mis carpetas, de mis póster, a mi casa y a mi vida. He compartido con ellos demasiadas cosas, muchas más que la que mi cabeza, en épocas de la carpeta, podía n
i imaginar...Hoy me apetece hacer mi pequeño homenaje a Jose Miguel Carmona. En verdad, Josemi, A veces te he soñado, muchas te he escuchado, y otras más, te he bailado. Esta frase te resume para mí.
Cuando cuelgo el teléfono, después de charlar, siempre sonrío. Porque eres tan tú, que no eres capaz de disimular tu bostezo si hablas con sueño, de darte la vuelta en la cama, si estás acostado, y dejarme medio sorda con el sonido del roce de la almohada, porque eres tan tú, que cuando estás feliz retumba tu voz en el teléfono, y se te ve la sonrisa por los agujerillos del móvil. Esos días me llenas el corazón. Y eres tan tú, que otros días no te salen las palabras, y te pesan las frases, y las haces muy lentas... Y esos días no me gustan. Me quedo con el corazón encogido y cambiaría mi profesión por ser mago, darte una pócima mágica y hacerte feliz de por vida. Porque eres buena gente, y sobre todo, porque eres mi amigo, y porque cada vez que yo he tenido un mal momento y un bajón, tu siempre has estado. Se que la vida hay que vivirla, en sus buenos y malos momentos, pero tu te mereces muchos buenos, por ti y por tus padres, y por tus pequeños... En esos momentos, te sueño. Y antes en otros, que tu ya sabes.
Después de tantos años, de escuchar tu guitarra sin conocer a la persona, y ahora como amigos, recuerdo muchas frases, que a tú también conocerás, y que para mí, te resumen:
“Y es que me han cambiao los tiempos”, a ti, para bien. No te ha afectado el público, los autógrafos, ni la mala vida que corrió a tu alrededor, y han hecho monstruo al “guapo del grupo”. Tu alma es grande, y vives por y “pa’ gente con alma”. Es lo mejor que tienes en ti mismo, lo que eres, lo que vives, y como lo vives, que el físico, aunque inmejorable, no perdura, y tu alma sí, y la de los demás, y eres de las pocas personas que lo conocen... Siempre que te veo, se que el sonido a madera de los Habichuela, también ha nacido y ha granado en ti, desde la tripa de tu madre bailando, y tu con ella meciéndote dentro, al compás de las cuerdas de tu padre, dominas ese sonido, ese toque, esa maestría “el arte de lo invisible”. Es esa sabiduría y arraigo que miles querrán comprar y que emana en ti, justo en el mismo lugar donde brota y se distribuye tu sangre, en el corazón, y se manifiesta en tus manos... Eres Habichuela. Desde que te conozco, puedes decir perfectamente ese “ Y es ke me han kambiao los tiempos”, pero siempre a bueno, saboreando las buenas experiencias, y aprendiendo mucho de los que te rodean. Es imposible que alguien perdure como tu, a los focos, a los monitores, a los macroconciertos, siendo tú mismo, y tan especial. “ De ahí a Ketama”, solo hay un paso, el paso que has dado tu como persona, más grande, y mejor. Y sobre todo, hay algo que siempre me ha gustado de ti, tu “Konfusión”. Me encanta verte trabajar con tantos músicos, tu estancia camaleónica en un escenario, que te hace adaptar tu guitarra y tus acordes a las miles de fusiones musicales que puedan pasar delante de ti...
Y ahora, resumiendo, solo puedo decirte una cosa. Estoy orgulloso de que un tercio de “Ketama”, forme parte de mi vida. Josemi, eres una de las experiencias más especiales que me he vivido, y que espero vivir durante mucho tiempo... Hasta que tu quieras.
Un besazo.
( y las fotos, y el video, otro día, así seguís visitándome... )





